Tengo muchas heridas y cicatrices producto de la vida que elegí vivir. Ellas me han hecho ser la mujer que hoy en día soy.
Dejo la espada para quien la quiera recoger, ya no me hace falta. Sigo adelante mi camino con la mirada limpia, el alma pura y las manos abiertas, para recibir todo lo que me venga. No me paraliza el miedo, lo afronto. Camino con el corazón fuerte porque nunca he permido que me lo partieran a pesar de las lágrimas que me hayan hecho derramar. Este músculo es mi fuerza, mi motor, y con él por mi vereda voy.