EGOÍSMO, VANIDAD
Los griegos veían en esta flor la metamorfosis de un joven y bello pastor, hijo del río
Cefiso y de la ninfa Liríope. Orgulloso de su belleza, era insensible al amor de las ninfas,
todas enamoradas de él. Incluso rechazó a la encantadora Eco, ninfa de los bosques, que a
su vez, fue ardientemente amada por el dios Pan, pero sin esperanza. La belleza de Eco
se fue marchitando por el sufrimiento de su amor no correspondido, hasta que los dioses
se apiadaron del trágico destino de la ninfa y la convirtieron en roca. Su alma, sin embargo,
no pudo ser curada y aún sigue gimiendo lastimosamente en los bosques, adonde se retiró
tras los pasos del ser cruel que había despreciado su amor.
Cupido, dios del amor, castigó severamente a Narciso con un funesto engaño:
un día, el bello joven se inclinó sobre una fuente de aguas límpidas y seenamoró
de su propia imagen reflejada. Pero la imagen parecía burlarse de él; se reía
cuando él reía, suspiraba cuando él lo hacía, desaparecía cuando sus lágrimas
alteraban la dulce quietud de las aguas, para aparecer nuevamente cuando Narciso
cesaba de llorar; y, al tratar de acariciar tan bella imagen, ésta huía quién sabe dónde.
Narciso ya no quiso nunca alejarse del espejo que el agua le ofrecía y su loca pasión
crecía cuanto más se contemplaba. Víctima de su vano delirio, Narciso languideció
hasta morir. En el lugar donde las ninfas encontraron su cuerpo inanimado, crece ahora
una pálida y melancólica flor de delicado aroma, inclinada hacia las frescas aguas.
Este mito, cantado por Ovidio, es tema frecuente de diversas obras artísticas.

